sábado, 10 de septiembre de 2011

MANUAL DE INSTRUCCIONES

El cepillo de dientes tiene que ser azul (de esa me di cuenta ayer).
La pierna contraria al lado del que duermo deberá estar fuera de la sábana.
Al café le pongo una cucharadita de azúcar y (sólo) la puntita de la segunda.
Me gusta el limón (aunque eso ya lo sabes). Y el tomate y el pimiento y el picante y la tarta de queso y el ron y el hielo...
A veces duermo largas siestas y otras veces me basta con cinco minutos. Por las noches es distinto, no sé como desenchufarme, no del mundo, sino de mí mismo. Si te quedas, posiblemente no sabré desconectarme de ti. O quizás sí, quién sabe.
Fumo mucho, a veces demasiado (tú siempre pensarás que es demasiado y tarde o temprano me lo dirás).
Me ilusiono con la misma velocidad que me acostumbro.
Dudo de todo menos de lo que siento.
Dudo todo el rato de que lo que sienta sea la mejor opción.
En los días raros, me quedaré horas dándome vueltas a mí mismo. Si me preguntas pensaré que no hay nada que responder y sólo lo sabré cuando sea demasiado tarde, cuando ya nada importe.
Ah, sí, la ducha es el único lugar en el que no canto.
No plancho y hay pocas cosas que odie más que hacer la cama.
Me gustan las cosas claras, pero no que las verdades sean como puños.
Aborrezco las multitudes, aunque a veces me fascinan.
La mayor parte del tiempo huyo de los problemas, aunque de cuando en cuando estallo y me enfrento.
Y si hay que elegir (y siempre hay que elegir) prefiero comerme el miedo y permitirte que me conozcas, sin manual de instrucciones.
Bienvenida.

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